¿Qué quedó de la luz
que daba gracia a todo?
El patio, degollado,
calla, como mi lengua.
Los dementes escuchan
perros desde la cama
y saben que los siguen
palabras que los pierden.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...