En mi casa persisten
huellas de las mujeres
que pasaron por ella.
No es que las atesore.
Se agazapan en libros
que yo a veces consulto.
Son presencias. Son sombras
de días más dichosos,
de días menos muertos.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario