Se suceden los golpes
como epitafios. Tumbas
mis ganas de vivir,
no queda poesía
sino enrigidecerse
cada vez más. Palabras
lanzo para espantar
todo imberbe conato
de mansedumbre, sombras
de lo que quise ser.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
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