Ahora, corazón, que nada impide
que digas la verdad
en la alta noche donde se maquina
tu rostro verdadero,
¿la amabas? Tantos años que pasaron
entre un poema y otro,
el primero y el último, perdidos
en blogs que nadie lee,
¿la amabas? ¿O era a vos, a tu otro nombre,
a tu ideal, a sombras
de tu niñez y sueños? No sabés.
Aldonza, se llamaba.

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