Tomo mis psicofármacos.
No hay nada que decirse.
Mi madre está sentada
a mi lado y se ausenta.
El timbre de su voz
ya muy poco me importa.
Estoy en un infierno.
Estoy en un infierno.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
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