Esto que está tan muerto
se llama Pablo. Tiene
dos ojos con que sigue
líneas desorbitadas
que nada le revelan
y que a su turno copia
en otras que conducen
a la nada. Es en vano
que se rebele. A nadie
puede echarle la culpa
de esta desgracia salvo,
consecuente, a sí mismo.

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