Un hombre escribe un signo
en el teclado y luego
escribe otro, y otro.
Nadie se enterará
de lo que dice porque
hay demasiada bruma.
Los versos son señales
imposibles. En tanto,
un hombre se desangra.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
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