Cada día es peor
y cada noche es lúgubre.
Las cosas se destiñen
y envejecen de prisa.
Mi propio cuerpo cae:
como las marionetas.
Qué regalo la muerte.
Qué regalo la nada.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario