Cuando acaben las guerras
que nunca se terminan
habremos muerto todos
y Dios descansará.
No quedarán ni libros
ni cuadros ni instrumentos;
sólo chatarra inmóvil,
que se degradará.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
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