He sido derrotado
por mis propios engendros.
Se llaman iracundia,
necedad y delirio.
Raptos de lucidez
los sofrenan un poco.
Luego vuelve a la carga
la noche. En ella me hundo.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
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