Pronuncié muchas veces
su solo nombre cuando
me hundía en las tinieblas
más dolorosas. Nadie
respondió a esas palabras
pero me serené
y ahora escribo. Sólo
su nombre en oración.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
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