Los libros ya no brindan
ningún consuelo. Pienso
en todas las fallebas
que se han cerrado. Firme
la superficie de
tu vientre, circulás
por pasajes ingratos
sólo porque Dïana
me los prohibe. Cómo
ser tu perro, tu feble
esclavo, me pregunto.
Ya no se oye tu voz.

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