que lo aniquila todo,
pero a mí me venció
la ruindad de los hombres.
Yo mismo ruin, persisto
como la marioneta
que nunca tuvo vida
pero que aún se mueve.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
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