"No hay nada." Tres palabras
que muy poco revelan
a no ser una oscura
certidumbre a que llego
de a ratos, cuando todo
se derrumba a la vez
que sigo estando: impávido,
menesteroso, lívido.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
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