El que no tiene voz
me ordena que me cruce
zoofílicamente
con una cebra. Cruzo,
entonces, para estar
del otro lado. Broncos
son sus requerimientos,
lento mi aprendizaje.
Los libros que en silencio yacen sobre la mesa nada saben del alma de esta cosa vencida que soy, hoy que ya poco, casi nada, me importa...
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