Firme la cerradura
--yo me encerré a mí mismo--,
camino hacia un abismo
que ni impide ni apura.
Se llama hogar el pozo
en el que voy cayendo
y soledad, y aprendo
cada noche que el gozo
que otorga su belleza
es mortal: la certeza
de que el canto abrasivo
y bronco que elaboro
es veneno es un coro
de requiem persuasivo.

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