¿Por qué será que leo
a destajo? Mis días
no saben ni de Elías
ni de José. No veo,
en cambio, por las noches,
cuando duermo, ni un libro
ni una letra. Así, vibro
sin palabras, soroches
los asfodelos. ¡Cómo
me gusta, sin embargo,
leer! ¡Y cuán amargo
y qué camino romo
es hallarme sin nada
al fin de la jornada!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario