Pocos, realmente pocos
compran mis libros. ¿Quién
los tiene en sus estantes?
Mi madre, gran lectora,
los amigos de siempre
y algún que otro fanático
trasnochado. Qué sino
ser poeta: la noche
ya se me viene encima
(la polenta está cara)
pero pienso sacar
un nuevo libro. (¡Pucha!
Tendrá que competir
con el último Enríquez
o con unas cervezas
en barcitos conchetos.)

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