No dejo de ser yo
casi nunca. Redacto
cosas que ni soñó
Narciso y en el acto
se presenta ese espejo
que siempre me rechaza,
bruñido por un dejo
de vanidad. Amasa
mi insistencia la luna
de su otredad, pasible
de llevarme por una
senda a la nada, audible
ya jamás ese coche
que lo oculta en la noche.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario